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EL ARTE DEL CORTE DEL PARMIGIANO REGGIANO

Rueda Parmigiano Reggiano

El corte manual de una rueda de Parmigiano Reggiano es un verdadero arte, casi tanto como la elaboración artesanal de este famoso queso italiano, que se mantiene inalterable desde hace siglos. Solo un corte correcta y hábilmente ejecutado permitirá que la rueda de Parmigiano Regiano libere sus aromas, sabores y texturas en su máxima expresión.

El clásico cuchillo en forma de almendra o de gota, que se caracteriza por disponer de una hoja corta y puntiaguda, es la herramienta preferida de los maestros queseros para abrir (que no cortar) las enormes ruedas de Parmigiano Reggiano, cuyo peso oscila los 40 kilos y para cuya elaboración se necesitan alrededor de 550 litros de leche.

Con la punta del cuchillo, se traza una línea a lo largo de la circunferencia de la rueda, dividiéndola en dos partes iguales. Este surco proporciona una referencia en la que se insertan, a intervalos regulares y a lo largo de todo el diámetro, una serie de cuchillos estratégicamente situados en puntos opuestos. Al introducirse en el surco, las cuchillas actúan como cuñas, tensionando la rueda de Parmigiano Reggiano hasta que se abre en dos mitades.

Esta operación requiere de habilidad, fuerza y mucha experiencia para obtener una apertura impecable que permita mantener la granulosidad típica del Parmigiano Reggiano, esencial para liberar en su máxima potencia los aromas y esencias que hacen que este queso sea inigualable.

Una vez abierta, se procede a dividir cada mitad de la rueda en pedazos más pequeños, repitiendo el mismo sistema y dividiendo sucesivamente cada parte en dos secciones iguales, hasta obtener porciones similares y con una proporción equilibrada entre pasta y corteza.

Parmigiano Reggiano, el ‘Rey de los Quesos’

El Parmigiano Reggiano es uno de los quesos más antiguos y apreciados del mundo. Considerado como “el rey de los quesos”, los orígenes del Parmigiano Reggiano se remontan a la Edad Media, cuando los monjes benedictinos impulsaron la búsqueda de un queso que tuviera una larga duración en el tiempo.

No se puede entender el Parmigiano Reggiano sin vincularlo a la zona donde se elabora, la Emilia Romagna y una pequeña parte de Lombardia, una superficie de 10.000 km2 que comprende las provincias de Parma, Reggio Emilia, Módena, Mantua (al sur del río Po) y Bolonia (al oeste del río Reno). Aquí se produce la leche, se transforma en queso, se cura (durante un mínimo 12 meses) y se envasa.

La unión de este queso a su territorio va mucho más allá de una cuestión puramente tradicional o cultural, sino que tiene su origen en la utilización de la leche cruda que se produce exclusivamente en esta zona. Se trata de una leche especial, que se caracteriza por una singular e intensa actividad bacteriana de la flora microbiana autóctona, influida por factores ambientales y por los forrajes, hierbas y henos que consumen las vacas dedicadas a la producción del Parmigiano Reggiano.

Para elaborar el Parmigiano Reggiano solo se utilizan tres ingredientes: leche cruda, cuajo y sal. Nada más. Está terminantemente prohibido el uso de cualquier aditivo, de iniciadores bacterianos y alimentos fermentados, así como de alimentos ensilados, ampliamente utilizados en otras partes de Italia. Solamente el quesero, con su buen hacer y gracias a la técnica de la caseificación, consigue hacer  prevalecer  las bacterias  lácticas  que  operan  en  las  fermentaciones  lácticas  positivas  y esperadas para que el queso resulte extraordinario.

La curación mínima es de 12 meses (el más largo periodo de curación mínima de todos los quesos DOP), pero es en torno a los 24 meses que el Parmigiano Reggiano alcanza la maduración adecuada para expresar sus características típicas.  Puede también seguir madurando, hasta 36 o 48 meses o incluso más, manifestando aromas y perfumes inexplorados.

Para más información: www.parmigianoreggiano.com

Patricia Magaña – 676 50 71 67 – p.magana@gaiacomunicacion.es

Parmigiano Reggiano. 27 de marzo. Día Internacional del Queso

Con motivo de la celebración del Día Internacional del Queso el 27 de marzo, vamos a ahondar en la fascinante historia del Parmigiano Reggiano, conocido como “rey de los quesos”. Se trata de un producto elaborado únicamente con leche, cuajo y sal, y siguiendo un proceso 100% artesanal.

El Parmigiano Reggiano es uno de los quesos más antiguos y preciados del mundo. Intrínsecamente vinculado al territorio donde se produce, las provincias de Parma, Reggio Emilia, Módena, y una pequeña parte de Mantua y Bolonia, hoy en día se sigue elaborando como desde hace nueve siglos, de forma artesanal y totalmente natural, sin aditivos, solo con leche, cuajo y sal.

 

El inicio de la leyenda

Considerado como “el rey de los quesos”, los orígenes del Parmigiano Reggiano se remontan a la Edad Media, cuando los monjes benedictinos impulsaron la búsqueda de un queso que tuviera una larga duración en el tiempo. Afortunadamente, dieron con él, secando la masa y aumentando el tamaño de las piezas, con lo que consiguieron prolongar su consumo y extenderlo más allá de su zona de producción.

La primera referencia escrita sobre este queso data de 1254, y se encuentra en un acta notarial del archivo del Estado de Génova, en la que ya se menciona el caseus parmensis. Aunque, sin duda, el texto más representativo en el que aparece está fechado en 1344, cuando Giovanni Boccaccio describe en su famoso “Decarmerón” la comarca del Bengodi, y menciona una montaña de parmigiano rallado donde se hacían rodar “macarrones y raviolis”, indicando así el uso que de este queso se podía hacer en la cocina.

 

Un queso, un territorio

No se puede entender el Parmigiano Reggiano sin vincularlo a la zona donde se elabora, la Emilia Romagna y una pequeña parte de Lombardia, una superficie de 10.000 km2 que comprende las provincias de Parma, Reggio Emilia, Módena, Mantua (al este del río Po) y Bolonia (al oeste del río Reno). Aquí se produce la leche, se transforma en queso, se cura (durante un mínimo 12 meses) y se envasa y ralla en caso de ser necesario.

La unión de este queso a su territorio va mucho más allá de una cuestión puramente tradicional o cultural, sino que tiene su origen en la utilización de la leche cruda que se produce exclusivamente en esta zona. Se trata de una leche especial, que se caracteriza por una singular e intensa actividad bacteriana de la flora microbiana autóctona, influida por factores ambientales y por los forrajes, hierbas y henos que consumen las vacas dedicadas a la producción del Parmigiano Reggiano.

 

Leche, cuajo y sal

Para elaborar el Parmigiano Reggiano solo se utilizan tres ingredientes: leche cruda, cuajo y sal. Nada más. La leche no se trata térmicamente, por lo que mantiene la riqueza de los fermentos lácticos presentes de forma natural, el cuajo proviene del estómago de los terneros lactantes (están prohibidos los cuajos de origen bacteriano) y la sal es sal común.

Está terminantemente prohibido el uso de cualquier aditivo, de iniciadores bacterianos y alimentos fermentados, así como de alimentos ensilados, ampliamente utilizados en otras partes de Italia. Solamente el quesero, con su buen hacer y gracias a la técnica de la caseificación, consigue hacer prevalecer las bacterias lácticas que operan en las fermentaciones lácticas positivas y esperadas para que el queso resulte extraordinario.

 

En el origen, las vacas

A día de hoy (datos de 2018), existen 265.000 vacas de más de 24 meses de edad que producen leche para la elaboración del Parmigiano Reggiano. Se alimentan fundamentalmente de forrajes locales (al menos un 50% tiene que haber sido producido en la misma granja en la que se produce la leche, y en un 75% debe proceder de la zona de influencia de queso) y también piensos vegetales a base de cereales como cebada, trigo y maíz  provenientes de empresas acreditadas por el Consorcio del Parmigiano Reggiano.

Esta cuidada alimentación es muy estricta, y excluye materias primas muy comunes en la alimentación de este tipo de ganado, para evitar que se trasmitan aromas o sabores anómalos a la leche y que puedan llegar a influir en el producto final.

 

La curación

El periodo de curación mínimo del Parmigiano Reggiano es de 12 meses, aunque es en torno a los 24 cuando este producto alcanza la maduración adecuada. Puede también seguir madurando hasta los 36, 48 o más meses, para manifestar aromas y perfumes poco explorados. Estas curaciones tan distintas convierten a este queso en un ingrediente extremadamente versátil, que puede maridar con cualquier tipo de producto.

  • 12-18 meses – Presenta un sabor armónico y delicado con efluvios de leche, yogur y fruta fresca. Resulta especialmente adecuado como aperitivo, en combinación con vinos blancos espumosos o para enriquecer ensaladas y platos fríos.
  • 22-24 meses – Se presenta soluble, desmenuzable y granuloso, con un justo equilibrio entre dulce y sabroso, con notas de fruta fresca, frutos secos y caldo de carne. Perfecto con vinos de cuerpo medio y para otorgar sabor a todos los platos de la tradición italiana.
  • 30-36 meses – Es singularmente desmenuzable y granuloso. Su sabor es marcado, con notas de especias, frutos secos y caldo de carne.  Se trata del ingrediente ideal para las pastas rellenas y al horno o para ser degustado como postre en combinación con fruta y miel.
  • Más de 40 meses – El Parmigiano Reggiano de más de 40 meses ha superado la prueba del tiempo y regala agradables efluvios de especias. Es un agradable compañero para degustar con vinos estructurados y de meditación, y se trata de un regalo muy exclusivo.

 

Para más información: www.parmigianoreggiano.com

Patricia Magaña – 676 50 71 67 – p.magana@gaiacomunicacion.es

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